Trasfondo Histórico

Trasfondo Histórico de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Roosevelt Roads     Por: Jacinto Treviño Soto

   El 9 de septiembre de 1939, la Alemania Nazi bajo la dictadura de Adolfo Hitler invade a Polonia dándole así comienzo a la Segunda Guerra Mundial. Ya   para el 1940 había conquistado a Noruega, Holanda, Bélgica y Francia. Italia bajo la bota fascista de Benito Mussolini se une a Hitler en el 1940.El 7 de   diciembre de 1941, Japón ataca por sorpresa la flota norteamericana del Pacífico, invade en Pearl Harbor, Hawaii, destruyéndola casi en su totalidad  y forzando así a los Estados Unidos, que hasta ese momento permanecía neutral, a entrar en la guerra.  Al cabo de seis años de la guerra más sangrienta de la historia, Alemania se rinde el 8 de marzo de 1945. Japón   hace lo propio el 15 de agosto de 1945, a raíz del lanzamiento de las dos bombas atómicas que lanzara Estados Unidos sobre las ciudades de Hiroshima y  Nagasaki que causó 60,000 muertos y 100,000 heridos en la primera y 80,000 muertos en la segunda.

   Sin haberse todavía recuperado la economía norteamericana comienza lo que se  conoció como la Guerra Fría y que terminó hace apenas 10 años con la   desintegración del comunismo, entiéndase Unión Soviética. La Guerra de Korea comienza en el 1950 y termina en el 1953.Los comentarios de introducción que  anteceden no pretenden hacer historia sino por el contrario, crear un trasfondo de la situación económica difícil por la que atravesábamos como   resultado de dos guerras, una casi seguida de la otra. Para nosotros, los  menos privilegiados, resultaba imposible, repito imposible, para el 1952, en   plena Guerra de Korea, obtener un préstamo personal de un banco comercial.  En  Fajardo existía un solo banco de matrícula extranjera, muy conservador por   cierto, que no le servía a la clase pobre. Su negocio estaba accesible solo para los acaudalados y prósperos comerciantes. Las llamadas financieras no   existían para aquella época y surgen por primera vez en la década de los años  setenta.

   Era así como múltiples usureros campeaban por sus respetos y acumulaban   fortunas a costa del sudor y el sacrificio de aquellos que obligados por las   circunstancias reinantes acudían a ellos en solicitud de dinero en préstamo.  Podríamos dramatizar la situación que prevalecía para la década de los años cincuenta como la del padre de familia que para satisfacer una situación urgente de su hogar recurría al acaudalado comerciante a solicitarle le sirviera de   codeudor para un pequeño préstamo en el banco.  Con el aparente buen deseo le daba la firma para el préstamo pero tan pronto el daba la espalda llamaba al Banco para pedirle que informara que su firma no era aceptable porque su crédito   estaba sobrecargado. En el momento el Banco no lo hacía diciéndole que pasara  unos días después para encontrar que el prestamito había sido denegado porque  la firma de Don Fulano no era buena. La palabra “NO” que se   pronuncia con dos letras pero causa dolor que dura dos mil años.

   Y así, frustrado, pensativo y cabizbajo, sin la solución a mano para el  problema familiar recurría al usurero para solicitarle $100 prestados lo que   el inmediatamente y de buen gusto hacía para que el próximo día de cobro semanal le pagara $110. Era difícil, imposible, no había forma alguna en que   se pudiera liquidar la deuda en una semana.  Y la única alternativa era pagarle semanalmente los $10 por concepto de los intereses lo que el usurero   aceptaba de buen gusto.  “No te apures” le decía a uno  “continúa usando los $100 y me los pagas cuando puedas”. Y era así  como semana tras semana continuaba uno pagando los $10, al extremo que en  ocasiones le había pagado más de $100 en intereses y el principal estaba   intacto, mas se le adeudaba los $100 que le prestó.

   No fue otra la razón que motivó el inicio de la Cooperativa de Ahorro y  Crédito Roosevelt Roads. No fue nuestra intención organizar una cooperativa   de ahorro y crédito por el mero hecho de tenerla. Vislumbramos que era el  único y mejor medio que eventualmente nos libraría de la opresión y la usura   rampante de la época. Tomaría tiempo, pero nuestra fe en Dios, el deseo de trabajar y triunfar, nos servían de acicate para navegar por mares  tormentosos y llevar nuestra nave a puerto seguro. Y fue así como el 20 de  octubre de 1951, el distinguido amigo de siempre y compañero de trabajo en la   Base Naval Roosevelt Roads, Don Joaquín Morales Miranda, circuló un memorando a todos los empleados de la base para auscultar su interés en la organización  de una cooperativa de ahorro y crédito. Yo respondí afirmativamente enseguida  y tras de mi siete compañeros más para un total de nueve, que aportando $5.00   cada uno hicimos el primer depósito de $45 en el Banco. Fue ese nuestro   capital inicial.

   Un año más tarde, 20 de octubre de 1952, después de habernos preparado para  administrar con eficiencia, el Departamento de Estado de Puerto Rico nos  expidió el Certificado de Registro Número 77 quedando así oficialmente  autorizados a funcionar como la “Cooperativa de Ahorro y Crédito de los   Empleados de la Estación Naval Roosevelt Roads” que más tarde acortamos  a “Cooperativa de Ahorro y Crédito Roosevelt Roads”. Como puede verse surgimos de la nada, motivados por la frustración, el dolor y la  amargura, que los menos privilegiados, los que no tuvimos la dicha de dormir  en pañales de seda, carentes de los elementos más básicos para subsistir  normalmente nos proveían fuerzas y el deseo y la disposición para triunfar. No fue ni ha sido tarea fácil. Desatendiendo la familia, trabajando hasta largas  horas de la noche, dos o tres de nosotros para quienes no existían días   feriados ni fiestas de clase alguna, que nos distrajeran de nuestro proyecto.   El interés y la dedicación a lo que hacíamos que proyectábamos era contagioso y día tras día numerosos empleados se hacían socios de la Cooperativa.

   Carecíamos de una oficina y equipo para atender debidamente el funcionamiento  de la Cooperativa. Los viernes, día de pago en la base, el compañero Joaquín   Morales Miranda y yo en un almacén, lugar de pago, utilizando unas cajas de  materiales y equipo las utilizábamos como escritorios. Allí se acercaban los   socios para hacer sus depósitos, le extendíamos recibo y le anotábamos sus   libretas de socio. La Marina de los Estados Unidos consciente de que el  servicio que la Cooperativa le brindaría a sus empleados significaría un  beneficio marginal adicional para ellos nos preparó un pequeño local para  oficina con el equipo básico para llevar a cabo nuestras funciones como  Cooperativa. Los días de pago le concedía una hora con paga a los empleados   socios para que hicieran sus transacciones en la Cooperativa. En una ocasión  nos permitió construir un edificio con materiales que nos donó en la entrada   principal de la base.

   Transcurridos dieciocho años ya la Cooperativa había alcanzado su mayoría de edad y le servía a sus socios con alto grado de eficiencia. Su solidez   económica, posición sobresaliente dentro del movimiento cooperativista de ahorro y crédito y su prestigio en general trascendía a las comunidades   vecinas. Numerosas personas se acercaban a nosotros para auscultar la  posibilidad de hacerse socios. Por su condición de Cooperativa de matrícula   cerrada y por estar localizada dentro de una reserva federal accesible  únicamente para los empleados su crecimiento se había estancado. No existía   forma alguna de admitir nuevos socios que no fueran empleados de la base  Roosevelt Roads y eso nos preocupaba.

Ya para el 1970, después de haberlo solicitado tres   veces y habérsenos negado las dos primeras, se nos autorizó a cambiar nuestro  status de Cooperativa de matrícula cerrada a Cooperativa comunal.  A  principios de 1971 nos mudamos a Fajardo y le abrimos nuestras puertas a la   comunidad. La acogida fue tan grande que todas nuestras expectativas en   cuanto a crecimiento y facilidades para atender la avalancha de nuevos socios   se quedaron cortas.   Para aliviar la situación abrimos la Sucursal de Ceiba en mayo de 1977, la de  Luquillo en 1979, la de Vieques en agosto de 1980, Canóvanas en 1982, Río   Grande en febrero de 1996 y el Hotel Conquistador en julio de 1996.

   Nadie pensó en el 1951, fecha en que se inician las gestiones para organizar la Cooperativa, nosotros mismos no lo pensamos, que casi medio siglo después,  lograríamos lo que hasta la fecha hemos logrado. Nueve socios fundadores en  aquel entonces, hoy 19,000 y 8,000 depositantes, $45 capital inicial en  acciones, hoy $59 millones, nada en préstamos a socios, hoy $114 millones, cero en ahorros, hoy $105 millones,… y el crecimiento, solidez económica no   se detiene, continuará a pasos agigantados. Sesenta años atrás,  nuestro comienzo, no teníamos facilidad alguna de oficina que no fueran   nuestros propios hogares. Hoy la Cooperativa posee cinco edificios propiedad de ella que a nadie le debe un centavo, (Fajardo, Ceiba, Luquillo, Río  Grande y Vieques) con un valor en el mercado que sobrepasa los $6 millones. Siete  Sucursales, (Fajardo, Ceiba, Luquillo, Vieques, Canóvanas, Río Grande y el   Hotel Conquistador) accesibles para que sus 19,000 socios y 8,000  depositantes hagan sus transacciones.

   Y como dijera alguien ” Lo bueno está por venir”.